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Querido Migue:
Siento decirte esto, no me gusta expresar mis sentimientos a través de internet. Es demasiado cruel por mi parte haberme ido sin más. Sin darte ninguna expliccación, dejándote solo cuando más me necesitas. No puedo seguir. Debes seguir adelante tú solo.
¡Qué hermosa baldosa! Absorta estaba yo en mis pensamientos cuando una señorita azafata me dio un toque en un hombre y me dijo:
- Por favor, usted ya puede embarcar, su problema está solucionado.
Miré la pantalla de mi portátil por última vez y le di al enter. Una lágrima corrió por mi mejilla, era terroríficamente dolorosa. Ese correo que le había escrito a Migue durante la angustiosa hora que había pasado en la terminal del aeropuerto. Los remordimientos estaban en mi cabeza y el sentimiento de culpa en mi corazón, prendido por una especie de hielo. Pensaba en hacer en correcto.
¡Hoy estoy tan feliz! Mi dulce esposa regresa a París después de medio año en Barcelona. No se puede hacer a la idea de cuanto la he echado de menos. Su nuevo trabajo la obliga a vivir en una cuidad del mundo cada cierto tiempo. Sé a ciencia cierta lo mucho que me quiere y nuestro amor navega por unas aguas cristalinas. Confío en ella y lo nuestro está sellado por una cadena de confianza.
Sentí una corazonada. Llevaba un mes sin ella y no me hacía a la idea. Toda Barcelona me recordaba a ella y especialmente el lugar donde me encontraba, donde nos conocimos y pasamos tantas tardes de aquel otoño. Me senté en nuestro banco y me eché a llorar. Levanté la cabeza y la vi correr saliendo de un taxi. Corrí hacia ella, la abrazé y me besó.
No dejaba de pensar en él: su mirada, su sonrisa, su dulzura... El todo y la nada convergían en Migue. Me dejé guiar por el corazón. Me encontraba en la terminal C del Aeropuerto del Prat con mi maleta y lo que más quería estaba en esta ciudad. Cogí un taxi rumbo a la Plaça Catalunya. Cada semáforo era una eternidad y, por eso, le dije al taxista que se apresurase.
Allí estaba él. Me bajé sin maleta, sin pagar y eché a correr hacia él, mi amor. Nos abrazamos y le besé. Cuanto le quiero, había hecho lo correcto.
Salut Charles!
Voy a serte clara y te voy a contar la verdad.
En el tiempo que estuve en Barcelona todo cambió para mi. Descubrí algo mucho más fuerte que me une a esa ciudad. Se llama Migue y es la persona que ha provocado que lo nuestro acabe así. En estos momentos yo ya me encuentro en Barcelona. Pedí mi traslado hace dos semanas y me lo han concedido. Entre nosotros ya no hay esa chispa que nos encendía. Me he enamorado de Migue. Siento decírtelo así, con una fría carta pero no podía verte así, como ahora te estoy imaginando, llorando.
Au revoir, Cristina
viernes 13 de marzo de 2009
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